La funesta decisión que propició una remontada histórica

Por Carlos E. Jiménez | 06 Feb 2017

El Super Bowl LI quedará en la historia como “el de la gran remontada de los Patriotas”, aunque muchos prefieran recordarlo como “el de la gran debacle de los Halcones”.

En todo caso, para Tom Brady y todo el universo bostoniano parece ser la coronación de una carrera legendaria. Más al sur, sin embargo, en la ciudad de Atlanta, perdurará quizá como uno de los episodios más funestos en la historia deportiva de esa ciudad, capital del estado de Georgia. Una ciudad que solo ha celebrado una vez (Serie Mundial de los Bravos, 1995) en los campeonatos de las principales ligas profesionales del país norteamericano.

Una población que no hace mucho tuvo que sufrir una y otra vez las desilusiones constantes de aquellos Bravos de los noventa que temporada tras temporada dejaban a sus fans con el sabor amargo de llegar cerca del objetivo, pero no lograrlo.

Y en esta oportunidad, el sabor amargo quedará por el hecho de haber sido víctimas de la mayor remontada en la historia del evento deportivo más importante de la nación.

Aunque podríamos afirmar que los Halcones de Atlanta merecieron perder el partido, no solo porque no hicieron el mínimo necesario para mantener una ventaja que en un momento fue de 28-3 y que más adelante, aun con el avance de los Patriotas, parecía insalvable, sino también porque aportaron errores claves que hicieron posible lo improbable.

Y esto lo decimos sin ánimos de restar méritos al equipo de Nueva Inglaterra, cuyos protagonistas lograron, una vez más, sobreponerse a las vicisitudes y aprovechar los errores de sus adversarios. Como hacen los grandes conjuntos en cualquier deporte.

La historia relatará sobre los pases oportunos de Brady, la recepción improbable de Adleman, las conversiones perfectas. Sin embargo, poco se hablará de una de las decisiones que abrió todo ese espectro de posibilidades para Brady y su tropa: restando poco menos de 4 minutos del último cuarto, los Falcons delante 28-20 y en zona de gol de campo, los de Atlanta solo debían correr el balón, asegurando con esto consumir el reloj lo más posible y darle la oportunidad a su pateador de conseguir tres puntos en patada de campo y sentenciar el partido.

Una decisión obvia. Inequívoca. Completamente lógica. No había que ser un genio para saber que la única jugada razonablemente correcta en ese momento era poner el balón en las manos del corredor más confiable de los alados. Una, otra y otra vez.

No obstante, Atlanta jugó al pase, en una decisión completamente absurda dentro de la lógica del fútbol americano. Decisión que califica para ser considerada una de las más descabelladas en la historia de un Súper Tazón.

Trey Flowers saquea a Matt Ryan en jugada clave durante el último cuarto del Super Bowl Falcons-Patriots

Como resultado, Matt Ryan fue saqueado, perdió unas 12 yardas y sacó la ofensiva de la zona de gol de campo, lo que a la postre dio una última oportunidad a Brady y su gente de empatar el juego y completar la remontada inverosímil.

Arthur Blank, propietario de los Halcones de Atlanta, junto a su esposa

Y así, los Halcones de Atlanta y toda su fanaticada tendrán que seguir adelante con la certeza de que no solamente fueron las víctimas de esta legendaria hazaña, sino también de fueron ellos mismos sus propios verdugos.

CjE

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