Boxeo

El triste relato de cómo la mafia hizo campeón mundial de boxeo a un mendigo «atrofiado y gigante»

La vida de Primo Carnera no fue ni mucho menos fácil. Ni tan siquiera cuando se encontraba en la cumbre de su carrera como boxeador. Vivió siempre bajo la sombra de la sospecha, la crítica por su torpeza en el cuadrilátero y la chufla por su desmesurado y monstruoso aspecto físico incluso ya se había convertido en campeón del mundo de los pesos pesados.

El «gigante asesino» de Italia, tal y como le conocía la prensa, nació el 25 de octubre de 1906 en el seno de una familia muy pobre de la pequeña localidad de Sequals, en la provincia de Pordenone, donde tuvo una infancia marcada por el hambre y la supervivencia. Sobre todo después de que su padre tuviera que emigrar a Alemania a trabajar para poder enviarles algo de dinero y más tarde fuera llamado a filas durante la Primera Guerra Mundial. La familia se quedaba sin la única fuente de ingresos y tanto Primo como su hermano tuvieron que ejercer la mendicidad hasta que cumplió los 12 años.

Como la situación era insostenible, el pequeño de los Carnera emigró a casa de sus tíos en Le Mans (Francia). En una época en la que el niño ya había alcanzado dimensiones colosales, acercándose a los dos metros de estatura, los 2,16 de envergadura, 125 kilos de peso y un 50 de pie. Tal y como le describió el escritor Luis Calvo en ABC en 1930, su «cuerpo se le ha ido agigantando a expensas del desarrollo cerebral», mientras que otros diarios empleaban motes como «mamut», «la montaña errante», «el monstruo feroz de Italia» o «hombre-pavor».

En aquella época pasó un circo por la ciudad francesa, cuyos responsables quedaron tan impresionados con su físico, que fue contratado para hacer de forzudo. Una oferta que no pudo rechazar dados los apuros económicos por los que había pasado su familia toda la vida. Su trabajo consistía en ir desafiando a los valientes de cada pueblo, con una recompensa para aquel que consiguiera derrotarle en una pelea. Aquello nunca nadie lo logró, convirtiendo su espectáculo en uno de los más exitosos de la región. Hay que tener en cuenta que la talla media de los franceses era entonces de 1,65 metros.

La aventura circense le duró tres años, hasta que el excampeón francés Paul Journée le vio por casualidad durante una de sus funciones y trató de convencerle de que su futuro estaba en el boxeo. Primo Carnera nunca había pensado en ello y, de hecho, no le interesó la idea al principio, pero acabó cediendo. Aunque no sabía boxear ni había disputado una sola pelea oficial más allá de la pantomima del circo, lo vio como una nueva forma de ganar dinero.

Poco después de empezar a entrenar, fue puesto bajo la protección de Léon See, un manager cercano a la mafia que vio en aquel cuerpo gigantesco y extraordinario una buena oportunidad de hacer dinero. Según confesó See en las memorias que publicó sobre el púgil en 1934, cuando ya no le representaba, lo haría usando los medios que fueran necesarios: «Todos o casi todos los combates que disputó el italiano hasta llegar al campeonato del mundo fueron preparados de antemano, trucados», reveló en aquella biografía que se convirtió en un éxito de ventas.

La obra llegó a publicitarse en ABC con frases que definían bien la vida deportiva del que fue (y es aún) considerado todo un ídolo en su país: «Ningún boxeador ha llegado en su carrera deportiva a extremos tan pintorescos como él», «la carrera serio-cómico-burlesca del gigante italiano se aclara en esta narración sensacional» o «todos los bajos fondos del boxeo, sacados a la luz por un pecador arrepentido».

El primer amaño

El primer combate amañado que disputó Primo Carnera fue el de su debut, en París, el 12 de septiembre de 1928, que ganó por KO en el segundo asalto. La primera noticia que se publica en ABC sobre el púgil italiano es de un año después, cuando su fama ya había traspasado las fronteras de Francia. En esa época ya viajaba por todo el país derrotando a contrincantes de muy baja calidad y supliendo la falta de técnica con su envergadura.

Primo Carnera, en 1933
Primo Carnera, en 1933 – ABC

Aún así, en 1930 dio el salto a Estados Unidos, donde se convirtió en un juguete de la mafia, que controlaba el mundo del boxeo y amañaba muchos de sus combates. Ese año, en « Blanco y Negro» decía de que «Chaplin fue el rival más serio que tuvo el italiano en su excursión accidentada y pintoresca por el país del dólar». Junto a la noticia, una foto de Carnera simulando una pelea con el genial director de cine. Mientras que Luis Calvo lo describía en ABC de la siguiente manera: «Es un tipo inconfundible de acromegálico, hombre desproporcionado, laxo, de musculatura fláccida y atrofiada, de extremidades voluminosas, como un antropoide, acaso un deficiente mitral, más apto para la defensa flemática que para el ataque vivo. Es también un microcéfalo: cráneo pequeño por la bóveda y abultado en la base, rostro grande y cabeza menuda».

Durante aquella primera etapa por Estados Unidos, Primo Carnera sufrió dolorosas derrotas que le hicieron regresar a Europa, donde podría volver a sentirse boxeador, el deporte que acabó amando. Allí pudo reconciliarse con el éxito, con victorias reales como la lograda contra el mejor boxeador español del momento, Paulino Uzcudun. Una pelea celebrada en Barcelona, que consiguió el récord absoluto de asistentes de la historia de un combate en el país: 75.000. « Paulino, ¿y tú te vas a atrever con ese gigantón», le había preguntado un periodista de ABC días antes. «¡Quita, hombre! Yo me atrevo con todos. A mí no me ha tirado nadie todavía, y cuando me han ganado, ha sido por malas artes o por mala suerte», fue la respuesta del púgil, convencido de que aquel gigante torpe no iba a vencerle.

Campeón del mundo

Europa se le volvió a quedar pequeña y embarcó de nuevo hacia Estados Unidos. Por desgracia, siguió en manos del hampa y siempre bajo la sombra de la sospecha. Fue en esta época donde vivió uno de sus momentos más duros, tras noquear brutalmente a Ernie Schaaf, que murió tres días después a causa de los golpes. Un suceso que le acompañó durante toda su vida.

Primo Carnera, posando en 1932
Primo Carnera, posando en 1932 – ABC

Pero a esa tristeza le siguió su gran oportunidad y su mayor alegría: el 29 de junio de 1933, se enfrentó y venció al campeón del mundo de los pesos pesados, Jack Sharkey, en el Madison Square Garden. «Se dijo, cuando Primo Carnera comenzó a boxear, que no era sino un acromegálico de circo, incapaz de inquietar a un hombre de categoría. Y ahora es campeón», escribía este periódico, en uno de los pocos elogios que recibió, fuera de Italia, el primer italiano en llegar a lo más alto de este deporte.

Su gloria duró menos que su fama. Defendió con éxito el título en un par de ocasiones –la primera, de nuevo contra Uzcudun– y realizó una nueva gira por Europa y su país natal, donde fue recibido como un héroe. Tanto es así, que fue utilizado por el mismo Mussolini como propaganda, como imagen de una Italia fuerte. Pero menos de un año después, perdió el título frente a Max Baer y su carrera entró en declive. Se fue alejando de los cuadriláteros, no sin nuevas críticas. «Primo Carnera, con toda su época de pugilismo gigantesco, ha desaparecido. Confiemos en que no vuelva, porque ello, deportivamente, iría siempre en descrédito del boxeo», opinaba uno de los expertos de ABC.

Retiro, alcoholismo y muerte

En 1938, se vio obligado a retirarse, además de por la diabetes y una operación de riñón, por las deudas que le habían dejado todos sus representantes a lo largo de los años. «De mi vida como boxeador, no ha quedado más amigo que su compatriota, Paulino Uzcudun», reconocía Carnera en una entrevista a ABC, en 1957.

Pero aun estaba dispuesto a seguir peleando. No le quedaba otra, porque, seguramente, no sabía hacer otra cosa que esa, y su cuerpo no le ofrecía muchas más posibilidades. Tras un último intento de reconquistar el campeonato del mundo de los pesos pesados, en 1946, se inició en la lucha libre, aprovechándose de la fama que había cosechado en el boxeo. Y le fue mejor, o por lo menos no se aprovecharon tanto del que después sería conocido, a pesar de todo, como «el gigante bueno». Gracias al buen hacer de su esposa, Giuseppina Kovacic, que hizo las veces de manager para evitar que volviera a caer en las redes de la mafia, logró el éxito de nuevo. Viajó por muchos países hasta que se retiró definitivamente en Los Ángeles, en 1962, donde participó en algunas películas de serie B, en papeles como el de Frankenstein, y abrió una tienda de licores que, quizá, se convirtió también en su tumba.

Tras muchos años bebiendo, desarrolló una cirrosis hepática de la que no pudo salir. Cuando se vio desahuciado por la enfermedad, decidió trasladarse a Sequals para librar su última batalla, la de la vida. La perdió el 29 de junio de 1967, justo 34 años después de que lograra el campeonato del mundo. «La última caída de Primo Carnera», tituló ABC. Su entierro reunió a todo el pueblo, que se sentía orgulloso de su gran campeón… a pesar de todo.

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