Football Colegial

5 razones por las que el fútbol americano colegial es mejor que el de la NFL

Los emparrillados de la NCAA han estado en silencio por 228 días. Desde que Clemson aplastara a Alabama en el partido por el campeonato nacional, no ha habido fútbol americano colegial, pero la larga sequía de casi ocho meses termina el sábado, cuando los Gators de Florida se midan a los Hurricanes de Miami en Orlando.

1. La temporada regular que más importa en el deporte

La NFL tiene 16 partidos de temporada regular, la NBA 82, MLB 162, las ligas de fútbol en Europa tienen entre 34 y 38, la MLS tiene 34, el baloncesto colegial tiene más de 30. Todas tienen más partidos que el fútbol americano colegial, que tiene poco más de una docena de partidos.

Esta menor cantidad de encuentros hace que todos los partidos sean de vida o muerte. Una derrota es casi letal para las aspiraciones de título y dos son sentencia de muerte, ya que ningún equipo ha estado entre los cuatro semifinalistas del College Football Playoff en sus cinco años de existencia, además de que el último campeón de dos derrotas fue LSU en 2007, que reivindicó dos derrotas en triple tiempo extra, por lo que no pasa como en la NFL, donde un equipo con media decena o más derrotas puede entrar en ritmo en las últimas semanas y ganar el título. En la NCAA, la temporada regular cuenta y mucho.

2. La tradición y las rivalidades

El deporte profesional, con tanto movimiento de jugadores, ha hecho que la identidad se pierda. Hay rivalidades como Yankees-Red Sox o Cowboys-Redskins que generan algo de ‘odio’ entre las aficiones, pero no tanto como en la NCAA, donde nadie cambia los colores de su universidad o su pueblo.

Son partidos que dividen estados, ciudades y familias. ‘The Game’ (Ohio State-Michigan), el Iron Bowl (Auburn-Alabama), Red River Showdown (Oklahoma-Texas), Bedlam (Oklahoma-Oklahoma State), La fiesta de coctel más grande del mundo (Georgia-Florida), el Egg Bowl (Mississippi State-Ole Miss), Civil War (no la película de Avengers, sino el Oregon-Oregon State), Holy War (BYU-Utah), la Apple Cup (Washington-Washington State) y muchas más que generan pasiones sin igual en el deporte.

Dejando atrás los duelos más pasionales, cada equipo suele tener tradiciones propias. Clemson tiene a ‘la roca Howard’, Florida State a Chief Osciola, ‘Enter Sandman’ con Virginia Tech, Michigan al M Club, Colorado a Ralphie, LSU al tigre Mike en Death Valley, USC a Fight On, Texas A&M al original jugador 12, Texas a Bevo y sus cuernos, y muchas, pero muchas más.

3. Ofensivas más variadas que en el profesional

El futuro del fútbol americano se comienza a cocinar en los emparrillados colegiales. Jugadas que hace poco llegaron a la NFL eran habituales en la NCAA, como lo son las RPO (run pass option, opciones de acarreo y pase), la ofensiva abierta con varios receptores, la ofensiva sin reunión, read option (opciones de carrera de lectura). Vaya, hasta la ‘wildcat’ llegó tras ser común en la NCAA.

Y hay variedad de ‘sabores’ entre las ofensivas. Todavía hay equipos que salen bajo centro y con un fullback, las academias militares mantienen viva la triple opción, están las ofensivas abiertas, las que casi no corren como Washington State de Mike Leach, etc.

Suele haber más puntos en la NCAA, lo cual lo hace más atractivo al espectador, y los jugadores alcanzan cotas de ídolos que pocas veces se ve en el profesionalismo. Tim Tebow, Michael Vick, Johnny Manziel, Reggie Bush, Bo Jackson, Tommie Frazier, Vince Young y otros más podrán no haber brillado en el profesionalismo, pero lo que hicieron con sus respectivas universidades no se olvida.

4. El tiempo extra es mucho mejor

Pregúntenle a los Chiefs de Kansas City lo qué opinan del tiempo extra en la NFL, que estando a un paso del Super Bowl, ni siquiera tuvieron el balón. En la NCAA no es así.

En el fútbol americano colegial, cada equipo tiene una serie desde la yarda 25 del rival, lo que evita que te pase lo que a los Chiefs. Si anotas lo que sea, el otro equipo puede empatar o ganarlo; si se vuelve a empatar, cambia el orden en ofensiva y así se sigue hasta que alguien gane, lo cual se complica cuando se llega a la tercera serie extra y se debe ir por dos puntos tras cada touchdown.

Esto ha dado varios duelos inolvidables, como el Fiesta Bowl 200 entre Oklahoma y Boise State, el campeonato nacional entre Miami y Ohio State y el de Alabama contra Georgia o los siete tiempos extra entre Texas A&M y LSU la temporada pasada.

5. El colorido que le da el jugar en los estadios más grandes

El estadio más grande de la NFL es el MetLife Stadium de los Giants con capacidad de 82,500 espectadores. Una cifra que 15 estadios de la NCAA superan (Michigan, Penn State, Texas A&M, Tennessee, LSU, Ohio State, Alabama, Texas, Georgia, UCLA, Florida, Auburn, Oklahoma y Nebraska). La asistencia ha caído en los últimos años, pero suele haber llenos y dar postales espectaculares, como Beaver Stadium todo de blanco en la noche, la entrada de Virginia Tech con ‘Enter Sandman’, Kyle Field de Texas A&M sacudiéndose durante el Aggie War Hymn... y qué decir de cuando se vacían las gradas tras una victoria crucial.

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