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Yarmarie Correa: ‘La hípica es muy machista, pero he superado los obstáculos’

Hay un chica que ha brillado en el hipódromo desde su primera competencia. Que apuesta por sus destrezas desde el lomo de su caballo. Ella es Yarmarie Correa (Panamá, 1994) una joven jinete que ha sacado el máximo partido a su talento en cada deporte que decide emprender. Para ello hizo una pausa en sus estudios universitarios de banca y finanzas, un hecho del cual no se arrepiente porque para cumplir un sueño “hay que hacer sacrificios”.

Es una chica conectada con la euforia y la adrenalina y está pasando por un momento extraordinario: la prodigio panameña salió ayer a Estados Unidos para pisar el hipódromo de Mahoning Valley, ubicado en la comunidad de Austintown, donde aspira a seguir fortaleciendo su carrera.

La misión de Correa, dice ella, es destacar, a través de sus méritos, en un mundo hípico salpicado por prejuicios misóginos. “Siempre me han subestimado, pero he logrado todo lo que me he propuesto”. Charlamos con ella sobre deporte local, su vida y las proyecciones en un universo más equitativo y benevolente.

¿En qué momento de tu niñez o tu adolescencia descubriste que el mundo del deporte era para ti?

De toda la vida. Mi hermano fue quien me enseñó a jugar fútbol. Siempre me encantó. El deporte llega a mi vida desde muy chiquita. Desde los cinco años juego fútbol. Entrené en la Escuelita del Real Madrid. En 2008 viajamos a España a representarla y en mi equipo estaban los dos hijos del expresidente Martín Torrijos, estábamos muy felices de jugar en Madrid. En ese momento me distinguieron como la mejor jugadora de la liga femenina. Después de esa experiencia, incursioné en el ‘flag football’ a los 18 años.

Entiendo que primero destacaste en la cancha y ahora lo haces en el hipódromo… ¿cómo nace esta vinculación?

De pequeña, mis papás siempre me llevaron al hipódromo. Siempre de espectadora. Nunca me vi sobre un caballo, montándolo. Ya cuando comencé mi adolescencia, sentía que me gustaban muchísimo los caballos. Entonces me llegó una oportunidad de trabajar con la hípica y decidí inscribirme en la Academia Técnica de Formación de Jinetes Laffit Pincay Jr.

¿A qué te refieres con difícil?

Porque la hípica es machista. Demasiado. Convivo con muchísimos hombres, y trato de llevarme bien con ellos, pero muchos me subestiman y me dicen que esta carrera no es para mujeres. Cuando estoy en el cuarto de jinetes, que lo comparto con puros hombres, también es difícil.. La hípica no ha pensado en que existimos mujeres que practicamos este deporte.

Entonces, te has sentido discriminada por el simple hecho de ser mujer jinete.

Sí, siempre. Lo vivo a diario. Siempre trato de hacerme oídos sordos a los comentarios machistas. Y con mi trabajo he demostrado que he podido lograr mucho más que cualquier hombre jinete. Creo que esa debe ser mi mayor lección hacia ellos. Para enfrentar estos obstáculos que —le repito— no son fáciles, lo que me ha ayudado es trabajar en silencio y demostrarme a mí misma y a los demás que yo sí puedo hacer este deporte.

¿Cuáles son los riesgos en la hípica?

Siempre hay riesgos, tanto para las mujeres como para los hombres. Pero si el jinete se complementa con su caballo y respeta las técnicas, todo es más fácil.

¿Cómo se vive al galope?

Con muchísima tranquilidad. Cuando estoy montando siento paz, me siento libre. Con alegría. Sin embargo, cuando ya estoy en competencia, siento mucha adrenalina.

¿Cuáles han sido tus referentes femeninos? ¿Qué grandes jinetes te han inspirado?

De verdad, ninguno. Siempre he querido crecer por mí y que mis méritos me hagan única.

Hablando de nuestro país, ¿cómo ves el apoyo al deporte local por el gobierno?

No existe, lamentablemente. Por eso es que muchos de nosotros debemos emigrar para tener mejores oportunidades.

Sin embargo, la academia forma a los mejores…

Así es. El jinete siempre debe prepararse, debe ingresar a una escuela, que se empieza como el año electivo escolar. Aproximadamente dos años. Por ejemplo, yo empecé en 2018. Después comienza el debut y salen a la carrera profesionales, aprendices, todos revueltos. Hay una peculiaridad en Panamá que a los extranjeros les gusta y les llama la atención. Que es una posición que se le dice ‘La tabla’, es la postura arriba de un caballo. Entonces esa posición fue la que a Estados Unidos le encantó. Y me ofrecieron irme. Por eso es que dicen que Panamá es la cuna de los mejores jinetes.

¿Cuál es tu sueño americano en el campo deportivo?

Es quedarme allá, fortalecer mis debilidades. Para cualquier jinete su sueño deportivo es ir a los Estados Unidos a montar, ya que es la más fuerte del mundo. Ese país tiene más de 112 hipódromos y acogen a los mejores.

Ya que estarás lejos… ¿qué significa tu patria?

Pese a que quiero emigrar por el porvenir de mi carrera, Panamá me ha dado tantas alegrías deportivas, todo lo que he logrado se lo debo a mi país. Lo amo.

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