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Michael Jordan y sus clases de golf con Severiano Ballesteros y Sergio García

Con Michael Jordan de nuevo tendencia por el documental El Último Baile, es recurrente remarcar su faceta golfística, su gran pasión fuera de las canchas de baloncesto.

El genio llegó a ser hándicap 1,2 -con status para saltar al profesionalismo si lo hubiese deseado- en un deporte donde remarcó todo su carácter: su enorme competitividad, sus habilidades y, también, su afición a apostar por cualquier cosa por nimia que fuese. Desde 300.000 dólares en un solo putt a quién adivinaba el nombre de una camarera en el restaurante del Parador de El Saler.

Capaz de jugar al golf de sol a sol o de tener asignado en el presupuesto anual de cada año la multa en el All Star de la NBA por no acudir a la conferencia de prensa para poder jugar al golf en el campo que correspondiese, Jordan siempre ha buscado a profesionales para seguir mejorando su juego. Sergio García, José Manuel Lara y Seve Ballesteros fueron tres de los golfistas que compartieron recorridos con Air Jordan.

El año de ‘el niño’

En 1999, Sergio García había debutado entre los profesionales, había ganado dos torneos y había desafiado en el PGA a Tiger Woods.

Michael Jordan hizo saber a los organizadores de la Dunhill Cup, que se celebraba en St. Andrews en octubre por equipos -edición que ganó España-, el deseo de jugar con el joven de 19 años.

Se llevó en silencio. Su nombre no apareció hasta la mañana del miércoles en las listas del Proam. Ambos jugaron junto al actor Michael Douglas y el millonario sudafricano Johann Rupert, dueño de la empresa que daba nombre al torneo. «Yo acababa de empezar e imagínate jugar con él», recuerda Sergio. «Fue un día fantástico. Jugaba muy bien y le pegaba muy largo».

En un momento dado, sucedió un espontáneo momento irrepetible. «Íbamos hablando de deportes, de atletismo y eso. Y en el hoyo 15 o así, me dijo: ‘Venga te echo una carrera de aquí a ese búnker’, que debía estar como a 70 metros. Yo era un chaval y evidentemente, le gané», desliza el golfista español, que corrobora la fama de apostador que tiene la megaestrella. «Le gusta jugar fuerte».

Después se han visto en varias Ryder Cups, a las que no falla nunca desde 1997, «y hemos intentado jugar en Valencia y en Florida, pero al final nunca hemos podido repetir», remata García.

Duelo de leyendas

Aunque practicaran deportes distintos, las leyendas parecen predestinadas a encontrarse, y tal es el caso de Severiano Ballesteros y Michael Jordan. Ambos ya se habían visto con anterioridad en la Ryder Cup de 1997, donde MJ parecía un vicecapitán más, siempre junto a Tom Kite. Pero fue en 2004 cuando al fin decidieron medir su habilidad con los palos. Junto a ellos, en el equipo de Seve, iba su sobrino Iván, que nunca olvidará aquellos días.

«Fue una experiencia muy buena que pude vivir gracias a estar con Seve. Jordan vino al Gran Premio de la Comunidad Valenciana porque poseía un equipo de motos y tenía relación con Carmelo Ezpeleta. Quedamos con éste en que íbamos a ver el GP y cuando Jordan dijo que venía a Valencia, se organizó el partido», relata Iván.

Aquel encuentro fue tramado por Dorna y tuvo lugar en El Saler; un año después se repetiría en El Bosque. La primera anécdota «llegó pronto», cuenta Ballesteros, «porque íbamos en una furgoneta grande hacia el campo y, en un momento dado, nuestro conductor le dio un golpe al coche que iba delante. Se baja el tipo del vehículo golpeado y de la furgoneta empiezan a salir Jordan, Charles Oakley, que era enorme, y Seve. Este hombre se quedó alucinado y empezó a hacerse fotos con ellos», rememora Iván, que durante 15 años estuvo al frente de la fundación de su tío y ahora lleva la escuela de Ronaldo Nazario en Hong Kong.

El hijo de Baldomero, el mayor de la saga, reconstruye los hechos y recuerda que con Jordan jugaron «un día, y la verdad es que es bastante bueno. Tenía mucha facilidad e iba muy largo. Lo cierto es que fue un partido muy distendido, iba charlando y haciendo bromas. Seve y él sí que hablaron mucho de deporte en general, de cómo veían ellos ese mundillo y cómo habían convivido con el éxito. De golf, mi tío sí que le dio algún consejo de juego corto y hablaron de cómo Seve sacó una bola del búnker con un hierro 3».

Lo que Iván no olvida, es que Jordan y sus amigos «iban bien surtidos de cajas de puros». Pero éste no fue el único encuentro entre los Ballesteros y el ex de los Chicago Bulls. «Al año siguiente volvieron de nuevo y sí que me acuerdo que salió el tema de Barcelona 92. Jordan recordaba con cariño aquel evento y comentó que Barcelona es una ciudad que le gusta mucho». Iván, acostumbrado a ver cómo la gente paraba a Seve por la calle, revive otra anécdota: «Un día salimos por Valencia a cenar con Michael y tuvieron que cerrar parte del bar porque la gente no paraba de entrar para verlo».

En el partido de 2004, Jordan se impuso a Seve, como admitió el de Pedreña: «Le he divertido y encima me ha ganado 45 euros». En 2005, el cántabro salió vencedor.

Lara, uno más para MJ

El testigo de Ballesteros lo cogió en 2007 otro golfista español, José Manuel Lara, a quien el ’23’ fichó para que se uniera a los suyos durante su estancia en Valencia. «Me llamó un amigo para que fuera a jugar con Jordan en El Bosque y no lo dudé.El primer día hice con él nueve hoyos y luego me preguntó: ‘¿Mañana aquí a las 8.30?’ Ya sí que jugamos un partido completo. Yo venía de ganar en Hong Kong, estaba en forma y le vencí. Al terminar fue y me dijo ¡que dónde nos íbamos a cenar!».

«Luego salimos por la noche hasta las tres o las cuatro de la mañana. Yo me fumaba sus puros y estaba allí con él y sus amigos. Eso sí, al día siguiente, a las 8.30 estábamos en el tee del 1, y así durante tres días seguidos», recuerda José Manuel, que además cuenta el ritmo infernal que imponía Air: «No sólo se acostaban tarde y se levantaban temprano, sino que jugaban 36 hoyos cada día. Entre medias se comían una hamburguesa enorme con patatas y seguían».

De hecho, Lara destaca que «jugábamos a mil. Nos movíamos por el campo en buggy y no paraban ni a hacer un swing de prueba». El español se llevó el gato al agua todos los días: «Como siempre le gané, Jordan se picó, pero de buen rollo. Una noche me dijo: ‘Me has ganado los tres partidos, así que tú y yo nos vamos a ir a una cancha de baloncesto», recuerda entre risas el doble ganador del Circuito Europeo.

Lara y MJ hicieron buenas migas, y durante un tiempo mantuvieron el contacto, según recordó: «Intercambiamos números. Alguna vez me mandaba mensajes cuando hacía buenos torneos. En Valencia me dijo que tenía que ir a Medinah a jugar, que me quedaba en su casa y me dejaba un coche. ‘Montamos un partido por parejas’, decía. Le pregunté con quién iría él y contestó que con Tiger. Yo le respondí que con Miguel Ángel Jiménez. ‘Me gusta Jiménez’, dijo y se acordó de que también fuma puros. Nunca pudimos quedar porque perdí su número».

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