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Jon Rahm y su yo confieso: la meditación, la Ryder Cup y Tiger Woods

Desde Arizona, Jon Rahm, estilo yankee en la gorra con la visera hacia atrás y vasco, con las pantuflas del Athlétic, sostuvo una conversación de una hora en Instagram, con un viejo amigo, Adri Arnaus, otro joven que apunta lejos en el ecosistema del golf mundial.

Jon acababa de hablar con su abuela, su más fiel seguidora, que ya le había anunciado que el sábado podrá salir de casa en Bilbao. «Lleva cincuenta y pico días sin salir la pobre», le confesaba a Arnaus, éste en Barcelona. «Aquí estamos mejor. Scottsdale, donde vivo, es una de las 10 ciudades mejores para vivir en Estados Unidos. Los campos de golf están abiertos y aún te dejan salir a pasear. En donde vivo yo creo que nadie había utilizado las aceras en 15 años porque se usa para todo el coche y ahora se ve mucha gente caminar».

Rahm le explicaba a su coetáneo, los dos del 94, se conocen desde un campeonato infantil en La Manga, las condiciones especiales en las que se entrena estos días por allí. «El hoyo tiene dentro una especie de corcho de esos de piscina para los niños y la bola cae, pero no entra. Jugamos cada uno con su buggy y a toda leche».

De la suspensión del The Players, último torneo jugado en el PGA Tour, han pasado casi siete semanas. «Me tocaba jugar con Rory (McIlroy) y Brooks (Koepka). A mediodía del jueves estábamos comiendo, porque jugábamos por la tarde y salió en la tele lo de los jugadores de la NBA que habían dado positivo por el virus. Y poco después que la NBA cancelaba, que el béísbol, que el hockey… Y cuando terminamos de jugar ya nos dijeron que lo haríamos sin espectadores al día siguiente».

«Rory y yo, que estamos en el consejo del PGA Tour, coincidíamos en que sin tests no tenía sentido seguir jugando. Sabiendo que en España y en Italia estaban en cuarentena, que el European Tour se había suspendido… Al principio puede colar lo de hacernos los héroes, que es el único deporte que se sigue jugando, los actos de caridad que arrastra el PGA Tour y que ha sido muy duro para todos por la cancelación de 13 torneos, pero no había otra».

La reanudación sera en el Colonial, el 11 de junio, y como revela Jon, «puede que el único de mi familia que pueda ir allí sea yo, que no van a permitir acompañantes, aunque eso habrá que verlo. Hemos tenido tres conferencias de casi dos horas estos días y la siguiente semana otra para que no haya ningún cabo suelto».

En ese panorama, el golfista de Barrika no tocó un palo en seis semanas. «No me parecía correcto, jugar mientras veía que en España estaba pasando lo que estaba pasando. Y también nunca me había tomado tanto tiempo libre desde los 13 años. Fue una experiencia nueva».

Durante ese periodo se empapó de series de Netflix, «Tiger King es una verdadera locura» y ha trabajado mucho en el aspecto mental. En construir una rutina de meditación. «Intento irme a dormir entre las nueve y las nueve y media y hoy me he despertado a las 5.45. Voy probando para dormir mejor. Me estoy creando una rutina de media hora a la mañana y otra para irme a dormir. Me levanto, enciendo la cafetera y me pongo a escribir. Luego medito. Y por las noches un poco de meditación, me pongo unas gafas que bloquean cierta luz y luego me meto a dormir.. Al final es intentar crear una normalidad para cuando estés en el torneo, lo puedas hacer también. Por ejemplo, que sí estás para ganar el Masters un domingo, y estás con nervios o ansiedad, tu cerebro entienda que es hora de dormir. También ayuda con el jet lag».

Son rutinas que intenta seguir imitando al mejor jugador de los últimos años, Tiger Woods. También en los grandes. «Cada vez intento hacer menos la semana de los Majors. El trabajo hay que haberlo hecho previo porque ahí no hay nada que mejorar. Él llega muy pronto al campo, pega cuatro bolas, juega nueve hoyos y se va. Antes era más exagerado, con el primer rayo de sol ya estaba allí, pero claro todos sabemos que tiene problemas de insomnio, que duerme tres o cuatro horas al día, y algo tiene que hacer. El único que vas por la tarde y le ves siempre allí es a Bryson (DeChambeau)».

«A mí no me gusta tanto madrugar, pero también procuró tirar unas bolas, jugar nueve hoyos y a casa en los días previos. Y practicar el juego corto sobre el terreno, no en la zona de prácticas. Es el mejor lugar para hacerlo».

Tiger evoca la Ryder Cup y el duelo que sostuvo con Jon en París. Ahora la pregunta es si se celebrará o no en las fechas previstas para septiembre de 2020. «Una Ryder sin espectadores no merece la pena. Así de simple. Como la Ryder de París no sé si habrá mucha más. Esas gradas de 10.000 personas eran únicas. Hasta el tee del 3 eso estaba hasta arriba de gente».

Rahm revela que fue uno de esos momentos más tensos de su carrera. «Jugaba con Justin Rose y le dije: «A mí no me pongas primero. Tira tú y ponla en calle porque yo no la pongo. Pegué la madera 3 y uff ¡menos mal! Es el único tee en el que todos pensamos lo mismo: «Dale a la bola que vaya para adelante y ya».

Jon sostiene sus dudas de que se juegue «sin público. Somos 24 tíos jugando ahí sin nadie. El público hace la Ryder. No jugamos por nosotros, sino por Europa. En esta situación que lo retrasen un año. Estados Unidos se merece la ventaja de jugar con el apoyo de su público y yo también tengo curiosidad por jugar con la gente en contra tuyo. Aunque quizás, en Paris, contra Tiger era el único europeo que tenía menos fans que el americano. Se ha ganado ese respeto».

Aquel partido con Woods, el rival que más le intimidaba, se convirtió «en el momento más especial que viviré en un green en mi vida. Mejor que eso no lo voy a vivir nunca. Todos hemos rezado para jugar contra Tiger en la Ryder algún día. De pequeño jugaba a que derrotaba a Tiger con este putt. Y sin quitarme méritos, también pillé un Tiger distinto. Acababa de ganar y una victoria te quita mucha energía. Luego el viaje, que le tocara a Fleetwood y Molinari, que esa semana no los podía ganar nadie…».

Junto a Arnaus, además, reconstruyó episodios de su vida. Aquel Europeo de 2011 en el que los dos junto a Anglés, Galiano, Sainz y Morago ganaron el título, poniendo música a todo meter en el autobús de los jugadores, una complicidad casi como dos protagonistas de ‘Stand by me’: «La semana esa de República Checa será una de las más felices de todas nuestras vidas. Desayunábamos un snicker y nada más. Y no íbamos al campo de prácticas porque estaba en casa Dios «.

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