Tennis

Ons Jabeur, la inspiración del tenis árabe

La de Ons Jabeur (Ksar Hellal, Túnez; 26 años) apuntaba a otra de esas historias sobre talentos fugaces en el tenis. Hace una década, con solo 16 años y ofreciendo ya trazos de su caudaloso talento, ganó el Roland Garros júnior y se convirtió en la primera campeona norteafricana de un evento así. Sin embargo, luego se enmarañó entre las redes que dificultan la transición hacia el profesionalismo. “Era frustrante, porque veía que muchas jugadoras con las que había compartido esa etapa ya estaban entre las 50 ó las 20 mejores del mundo”, reconocía estos días en Wimbledon, donde no solo progresa sino que deslumbra, cada vez más cerca de esa cúspide a la que soñaba llegar entonces.

Instalada en el 24º peldaño del circuito femenino, Jabeur está cautivando al aficionado y derribando puertas, camino de convertirse en una referencia en el deporte árabe, en el que la mujer pelea por perder la invisibilidad histórica en cualquier tipo de disciplina. Poco a poco se dirige hacia donde prometía, y a su nombre empieza a acompañarle con frecuencia la valiosa coletilla de ser la primera en… De hecho, si cuando era una adolescente ya hizo historia con aquel triunfo en París, todavía resuenan más sus éxitos recientes. Ninguno mayor, de momento, que el obtenido hace tres semanas en Birmingham, donde elevó su primer trofeo como profesional, que a su vez significaba el primero de una mujer árabe en el tenis.

Antes había roto otra barrera al alcanzar las finales de Moscú (2018) y Charleston (2021), pero ella quiere algo más. No le basta con ser la primera octavofinalista árabe en Wimbledon ni la que más lejos ha llegado en un Grand Slam –llegó a cuartos en el Open de Australia del año pasado–; tampoco le vale con haber superado el listón que en su día, 2001, fijó Selima Sfar, la 75ª del mundo y por lo tanto la que mejor ranking había conseguido. Ons Jabeur quiere trascender. “No es fácil ser la única mujer árabe en el circuito”, dice; “pero nunca sabes, tal vez alguna esté viendo la televisión y quiera estar algún día en mi lugar. Quiero enviarles un mensaje: si yo he podido, otras pueden. No miro solo por mí, sino que trato de inspirar a otras generaciones que vienen por detrás”.

Esta temporada, la tunecina es la jugadora que más triunfos suma (32) junto a la bielorrusa Aryna Sabalenka y en Londres está confirmando lo que ya se adivinaba: que es muy buena y que da gusto verle jugar, con su estilo imprevisible y creativo, recurriendo a los golpes cortados y las dejadas sin miedo. Un espectáculo. “No inspira solo a las mujeres árabes, sino a todas nosotras, incluyéndome a mí”, le dedicó la más veterana, Venus Williams (40), a la que rindió en la segunda ronda antes de ofrecer un recital en la tercera para apear a la española Garbiñe Muguruza. “Tengo metas muy, muy grandes, apunto alto. Quiero ser la número uno y ganar Grand Slams. Por ahora he ido despacio, pero creo que voy por el buen camino. Estoy trabajando muy duro”, dice flanqueada por su marido Karim Kamoun, que ejerce de preparador físico, y su compatriota Issam Jellali, su técnico.

Comenzó a pelotear a los tres años y en cuanto destacó le llegaron varias propuestas de universidades estadounidenses que descartó, porque prefirió formarse en casa, con un par de incursiones en academias de Francia y Bélgica. “Cuando veo en el circuito a los franceses, los americanos o los australianos juntos, pienso que eso es lo que quiero para el mundo árabe, que haya más y más jugadores y jugadoras”, desea mientras la comparan con el marroquí Hicham Arazi, que alcanzó cuatro veces los cuartos de final de un grande, y otro referente árabe como el también marroquí Younes El Aynaoui, que ganó cinco títulos y llegó a ser el 14º del mundo.

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