jueves, 22 de octubre de 2026
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Rays lo vieron por casualidad y ahora Aranda es una pieza clave en el camino a la SM

MILWAUKEE – ¿Has oído la historia, fruto de una feliz casualidad, sobre cómo los Rays terminaron firmando al primera base mexicano Jonathan Aranda? El puertorriqueño Carlos Rodríguez, director de escuchas internacionales de los Rays en 2015, quería evaluar a un jardinero cubano que entrenaba en Tijuana, México: Randy Arozarena. En aquel entonces, el equipo no contaba con

Rays lo vieron por casualidad y ahora Aranda es una pieza clave en el camino a la SM

MILWAUKEE – ¿Has oído la historia, fruto de una feliz casualidad, sobre cómo los Rays terminaron firmando al primera base mexicano Jonathan Aranda?

El puertorriqueño Carlos Rodríguez, director de escuchas internacionales de los Rays en 2015, quería evaluar a un jardinero cubano que entrenaba en Tijuana, México: Randy Arozarena. En aquel entonces, el equipo no contaba con el presupuesto internacional necesario para contratar a Arozarena, pero Rodríguez seguía una filosofía de trabajo: “Siempre hay que estar atento cuando uno está en un estadio de béisbol”.

• Sección Especial: Serie Mundial 2026

Arozarena nunca apareció al entrenamiento —aunque, con el tiempo, se convertiría en un héroe de la postemporada y en uno de los favoritos de la afición de Tampa Bay—, así que, para aprovechar el viaje, Rodríguez pidió ver a los jugadores más jóvenes de la academia de los Toros. Los Rays quedaron tan interesados ​​en Aranda, quien entonces tenía 17 años y jugaba como campocorto con un peso de 160 libras, que le ofrecieron US$130,000.

Aranda firmó con los Rays el 2 de julio de 2015. Ese día, los Rays perdieron su partido; Matt Moore estaba en el montículo y Evan Longoria bateaba tercero, enfrentándose a un equipo de Cleveland que contaba con Corey Kluber como lanzador y con Francisco Lindor, quien disputaba apenas el decimosexto encuentro de su carrera.

Sin embargo, el camino de Aranda hacia la Serie Mundial con los Rays no se limita a la forma fortuita en que lo descubrieron, se trata, más bien, de cómo el equipo siguió apostando por él.

Durante 11 años. En todos los niveles de la organización. En diversas posiciones —incluyendo un intento fallido de convertirlo en receptor—, a través de todos los altibajos. Desde los campos de entrenamiento en su academia en la República Dominicana hasta el Juego de Estrellas de 2025 en Atlanta y, ahora, la Serie Mundial en Milwaukee.

“Es algo maravilloso. No es fácil llegar a las Grandes Ligas y permanecer en una misma organización durante tanto tiempo. Es algo que me llena de mucho orgullo”, comentó Aranda a través del intérprete Kevin Vera. “Estar aquí con el equipo de Grandes Ligas, especialmente en esta temporada, y conocer los objetivos que tenemos a corto plazo, es una sensación realmente especial”.

“Ojalá podamos alcanzarlos pronto y lograr las metas que nos hemos propuesto para este mes de octubre”.

Aranda no posee los bíceps de superhéroe de cómic del cubano Yandy Díaz ni los gestos propios de un actor de cine mudo. Tampoco cuenta con el poder asombroso del dominicano Junior Caminero ni con esa facilidad para acaparar los reflectores. Es el miembro menos conocido de su “gran trío”, por lo que resulta apropiado que, por lo general, batee después de Díaz y antes de Caminero.

Sin embargo, es igual de importante para el éxito de los Rays, campeones de la Liga Americana. Fue titular en 148 partidos durante la temporada regular —solo Caminero (162) y Díaz (154) aparecieron en la alineación con mayor frecuencia— y registró un promedio de bateo de .274 con un OPS de .792. Su elegante swing zurdo combina potencia y paciencia, lo que obliga a los managers rivales a pensárselo dos veces antes de recurrir a un relevista diestro para enfrentarse a Díaz y a Caminero.