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Tatis Jr. y un sistema antidopaje que no sirve para nada

Por: Mixael Rosa

El mundo del béisbol reaccionó sorprendido ante la noticia de que una las figuras más proliferas había fallado una prueba de sustancias para mejorar el rendimiento. De inmediato, mediante un comunicado, Tatis Jr reconocía su culpa y asumía la sanción. Un paso importante, pues como es bien conocido, en otras ocasiones los jugadores alegaban desconocimiento y decían «no sé cómo esa sustancia entró a mi cuerpo». Clestebol fue la sustancia encontrada en Tatis Jr. El jugador asegura que dicha sustancia la utilizó para tratar una afección que tiene en la piel, la verdad es que no nos vamos a detener en eso, pues nuestro objetivo no es determinar la intención o no, el sistema antidopaje vigente preestablece la sanción de 80 partidos en situaciones como esta, lo que la convierte merecida.


Las sustancias para mejorar el rendimiento son satanizadas, muchas veces sin ningún motivo objetivo. Se habla de juego limpio, pero nadie entiende que cosas son las que ensucian el juego. La historia del sistema antidopaje de MLB tiene su origen en el famoso informe Mitchell, del ex senador George J. Mitchell, mismo que reveló que algunos jugadores estaban utilizando sustancias para mejorar el rendimiento, lo que le provocó un problema de imagen a las Grandes Ligas, inconveniente que les llevó a abrazar una política en contra de las sustancias que iban en dirección potencializar o mejorar el rendimiento de los peloteros. Este informe debía ser para consumo interno, pero fue filtrado para generar presión a la industria, el impacto mediático fue tan grande que no quedó otro remedio que asumir todas las recomendaciones que contenía el informe.


El sistema antidopaje es una camisa de fuerza innecesaria donde, sin ningún objetivo, MLB persigue el uso de sustancias que puedan mejorar el rendimiento. Pero… ¿por qué se hace y a quién beneficia?
Hay varios casos paradigmáticos, de jugadores activos y retirados, que suponen que este sistema antidopaje no tiene sentido. Podemos iniciar con el también Campo Corto dominicano, Adalberto Mondesí, quien fuese suspendido por 80 partidos. El pecado de Mondesí fue haber tomado un jarabe llamado (Subrox-C), mismo que sirve para tratar la gripe y que compró en una farmacia de Republica Dominicana sin prescripción médica, MLB y el Sindicato acordaron una reducción de 30 juegos en la sanción y terminó pagando 50 partidos en vez de los 80 iniciales. Grandes Ligas admitió que el chico no intentó doparse. Además, cabe destacar, que el Subrox-C no daba una ventaja competitiva a este jugador. Algo peor le sucedió a Chris Davis, antiguo 1B de los Orioles de Baltimore, este fue suspendido 25 partidos por el consumo de “Adderall”, una droga que es utilizada para el tratamiento del desorden de déficit de atención hiperactivo (TDAH) y la narcolepsia. El chiste es que Davis, anterior a la suspensión, tenía una licencia para usar dicha sustancia, pero se le venció y, en vez de MLB notificarle para que renueve la licencia, le suspendió. ¿Qué sentido tiene perseguir a una persona con una condición de salud, la cual necesita sus medicamentos para vivir de manera normal?
Este es un momento perfecto para reabrir el debate sobre los esteroides o sustancias que mejoran el rendimiento. ¿por qué deben ser ilegales?


Los fanáticos no tienen mayor interés en dicho tema, pero claro, desde diferentes estamentos se marcan los temas a tratar y, algo que no interesa a mucha gente, termina siendo parte de la agenda diaria en una determinada comunidad, la del béisbol en este caso específico. Cuando Manny Ramírez vino a la Liga Dominicana de Béisbol (LIDOM), los fanáticos llenaron todos los estadios, nadie estaba pendiente de que el dominicano había sido suspendido en 2 ocasiones por el consumo de esteroides en el béisbol de las Grandes Ligas. Afortunadamente la Liga Dominicana no cuenta con un sistema antidopaje, de forma que nadie pretende dar lecciones morales sobre este tema.


Los esteroides o sustancias mejorar el redimiendo debió ser un tema netamente médico, pero se dio un salto peligroso, donde la subjetividad de la moral adquiere un grado de importancia superior a la objetividad. O sea, las sustancias para mejorar el rendimiento son malas porque si y, quien ose e intente diferir, es mandado a la hoguera. ¡Una auténtica locura!


Los juicios morales, como nos dice claramente la historia, han tenido un resultado fatídico en el juego. Varios de los mejores peloteros de todos los tiempos no están en el Salón de la Fama sin haber fallado jamás una prueba de esteroides, Barry Bonds y Roger Clemens fueron excluidos por estar bajo “sospecha”, ya que alegadamente habían consumido sustancias para mejorar el rendimiento. Nadie tiene la prueba, pero ambos han sido condenados moralmente.


Otros pretenden decirnos que estamos ante un tema legal, y que, por ende, quien comete una falta merece una sanción. Hasta ahí estamos bien, pero hay un principio universal del derecho penal que dice; (Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege), lo que significa que no hay delito sin ley, es decir, no puede haber sanción si no hay una norma previa que lo prohíba. Y como todos sabemos, hay muchos peloteros que, sin pruebas ni delitos ya fueron condenados. Sammy Sosa, Gary Shefflied y Curt Schilling son algunos nombres de una lista larga.


Las leyes no indican objetividad, lo que sugiere que el hecho de que haya una ley no significa que estemos ante algo justo y razonable. Y la moral, como sabemos, está preñada de subjetividad. El reciente caso de David Ortiz es el vivo ejemplo. Posterior a su oficial inducción al Salón de la Fama de Cooperstown, conocimos su incursión al negocio del Cannabis, legal en varias localidades de USA, y en Massachusetts, lugar concreto donde Ortiz emprendió dicha actividad comercial. En territorio dominicano llovieron las críticas, pues el tráfico o comercialización de Cannabis es penado por ley. En R.D. David Ortiz sería un narcotraficante, sin embargo, en Estados Unidos es un empresario connotado al que se le venera socialmente hablando. Todo depende del contexto, por eso es necesario buscar un ángulo que nos permita ver objetivamente los hechos. Pasa que las críticas a Ortiz fueron hechas desde el punto de vista moral, y el enfoque moral ignora y patea todos los beneficios, avalados por la ciencia, que tiene el producto que él ya miembro de Cooperstown inicio a negociar. ¿Razones objetivas o lecciones morales infundadas?


MLB, actualmente, está atravesada por un caso penal complejo. En el 2019, Tyler Skaggs, lanzador de los Angelinos de los Ángeles, fue encontrado muerto en su habitación de hotel, la necropsia arrojó datos demoledores, en su cuerpo había oxicodona, fentanilo y alcohol. Matt Harvey, compañero de Skaggs, admitió en el juicio haberle suministrado algunas drogas fuertes al fallecido. Además, el mismo Harvey era un consumidor habitual. Por estar envuelto en la muerte de un colega y reconocer ser un traficante de drogas fuertes, Matt Harvey recibió una suspensión de 60 juegos. ¡No es broma, 60 juegos!
Volviendo a Fernando Tatis Jr, no hay razón de eximirlo de responsabilidad por esta eventualidad, pues como ya se dijo, hay una norma y la sanción impuesta está dentro de los márgenes establecidos. Pero el juego es mejor con Fernando en el terreno y lamentablemente no será posible debido a un sistema cuyos objetivos son confusos y a todas las luces no prioriza en lo vital. Toda sustancia, si no pone en entredicho la salud de los jugadores, debe ser admitida. Ojalá que estemos cerca de un sistema antidopaje inteligente y flexible que considere la necesidad de cada quien sin la necesidad de entrar en el fallido juicio moral.

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