“No me sorprende en absoluto”, dijo Waldo Cortes-Acosta tras la pelea. “He seguido a Derrick desde el inicio de mi carrera. Estoy muy agradecido y le doy las gracias por la oportunidad de pelear contra él. Y eso es lo que quería mostrar: mi calma, mi paciencia y la forma en que me comporto dentro del Octágono”.
Lo dicho por el dominicano no fue arrogancia, fue precisión quirúrgica. Lo que prometió, lo cumplió: la noche del sábado en Las Vegas, Cortes-Acosta dejó claro que su momento ha llegado.
Con una mezcla de sangre fría y manos calientes, despachó a Derrick Lewis por nocaut técnico en el segundo asalto de UFC 324 y encendió los reflectores sobre su nombre en la escena del peso completo.
Un plan sin fisuras
Desde que sonó la campana, el exbeisbolista mostró que no había venido a improvisar.
El primer round fue una clase de control: trabajó las piernas de Lewis con insistencia, como quien desgasta una muralla a martillazos, sabiendo que tarde o temprano caerá.
Esa estrategia minó la movilidad del veterano y le permitió imponer el ritmo.
Apenas arrancado el segundo episodio, se encendió la mecha. Cortes-Acosta, con la puntería de un francotirador y la paciencia de un ajedrecista, empezó a conectar jabs que se colaban entre la guardia de Lewis una y otra vez.
La diferencia de velocidad era abismal, y se notaba en cada intercambio.
Lewis cayó, y no fue por casualidad
perdonó: se lanzó encima como un depredador y soltó una ráfaga de golpes que dejó sin argumentos a su rival. El réferi hizo lo correcto y detuvo la pelea.
La victoria quedó sellada oficialmente a los 3:14 del segundo round, en una T-Mobile Arena que reconoció la solidez del triunfo.
Después del combate, el dominicano no se guardó nada y lanzó el reto con nombre y apellido.
“Escuchen, quiero a Curtis Blaydes [siguiente]. Está hablando demasiada mierda y necesito cerrarle la boca”.
Fuente: Mundo Deportivo